Es bien conocido que la leche es un alimento rico en calcio, pero también sabemos que es un alimento acidificante, lo que supone un factor más que aumenta la perdida de calcio. 

Como en toda economía contaremos las pérdidas y las ganancias y obtendremos un saldo positivo o negativo. Por lo demás, si solamente contamos las ganancias, es como hacernos trampas a nosotros mismos o permitir que otros nos las hagan.

En los extremos del PH corporal están el ácido y el alcalino, ambos se neutralizan y se equilibran, así la cantidad necesaria de calcio para mantener un saldo neutro dependerá en buena medida de la cantidad de elementos acidificantes. De tal forma que alguien con una dieta rica en verduras, frutas, cereales integrales, frutos secos, algunas legumbres, pequeñas cantidades de queso y o yogurt de buena calidad, algunos huevos, con un aporte relativamente bajo en calcio que podemos valorar en 400 mg día, puede tener un saldo neutro o ligeramente positivo y la misma persona con una dieta abundante en carne, pescados, huevos, grasas saturadas, harinas refinada, azucares, bollería industrial, y una buena cantidad de leche digamos 700 cl. más alguna cantidad de quesos, algo de alcohol, café y tabaco podemos valorar un aporte en calcio superior a los 800 ml, tener un saldo negativo.

Un parámetro a considerar aparte es la calidad de la leche (aditivos encubiertos) que no aparecen en la etiqueta, son sustancias medicamentosas o simplemente contaminantes: hormonas, anabolizantes, antibióticos, fitosanitarios como herbicidas, insecticidas, abonos químicos con los que están contaminados los campos productores de forraje (alimentos vegetales para los animales), secreciones purulentas por la frecuencia de mamitis en las vacas estabuladas que las ordeñan cada día.

A esto debemos añadir la manipulación industrial de la lechera, procesos de esterilización, compensación de elementos degradados en los procesos industriales como el calcio. Esto quiere decir que el calcio que contiene la leche puede no ser del animal sino de otras fuentes sin especificar en la etiqueta, tal vez sintéticos o derivados de la sustitución de productos extraídos con las grasas con las que se hacen mantequilla, nata, etc., que en algún caso puede ser sustituido por grasas animales que tampoco se especifican y contaminantes tales como detergentes, desinfectantes, fertilizantes, microtoxinas, dioxinas, fármacos, priones etc.

Los estudios epidemiológicos pueden contarse por docenas. En sus resultados, los hay para todos los gustos. En el nivel global no hay cosas claras, las opiniones están divididas.

Como siempre, la luz es un bien escaso y suele ir acompañada de las sombras, pero entre todos ellos algunos brillan con luz propia que pueden ayudarnos a iluminar lo que andamos buscando.

Proyecto Cornell Oxford –China de nutrición, Salud y Medio Ambiente que se inicio en 1983, con un estudio pormenorizado de los hábitos cotidianos de 6.500 habitantes de 65 provincias de la China rural y que constituye una de las investigaciones más rigurosas y concluyentes efectuadas en materia de salud, demostró, entre otras cosas, que la leche animal desmineraliza a los adultos. Se comprobó que las mujeres que no tomaban leche de vaca y su alimentación consistía en vegetales, arroz, soja y sus derivados, no padecían osteoporosis. En cambio, si introducían la leche de vaca en su alimentación, sus niveles de calcio bajaban y aumentaba la incidencia de esta patología.

El Dr. William Ellis, ex presidente de la Academia Americana de Osteopatía Aplicada, estableció que las personas que tomaban de 3 a 5 vasos de leche diarios presentaban los niveles más bajos de calcio en sangre, agregando que tomar mucha leche implica ingerir grandes cantidades de proteínas lácteas y estas producen un exceso de acidez que el organismo intenta compensar mediante la liberación de minerales alcalinos, como el calcio.

Otros aspectos importantes para el mantenimiento del la salud de los huesos son el ejercicio físico "la función hace el órgano", tomar el sol sobre nuestra piel, mantener el centro o punto equidistante entre los extremos. Comer lo justo con acento en la calidad más que en la cantidad, la dieta debe ser sencilla: verdura y frutas frescas, cereales integrales y legumbres, frutos secos y algunas pequeñas cantidades de queso y yogurt de buena calidad, algunos preparados dietéticos como el tempe, tofu, seistán, huevos.

La suplementación más correcta es la toma de productos naturales: sésamo, algas marinas, espinacas, col rizada, etc., así como los complementos dietéticos: calcio asimilado en levadura de cerveza, preparados en base a coral marino, y otros que mediante las maniobras dietéticas convenientes también pueden tener su utilidad.

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